martes, 13 de septiembre de 2011

Los tiempos del fin y el espíritu de Acab

He econtrado un interesante escrito acerca de los útlimos tiempos y el espíritu de acab, de como ataca a los hombres con más frecuencia en estos tiempos... Que el Señor lo reprenda.

Seamos apercibidos de cual sea la voluntad de Dios, que es buena, agradable y perfecta, y los roles que nos correspondan...  Escudriñadlo todo y retened lo bueno...

Este es el link para leer la información: http://www.temasdelreino.org/BOOKS/elespiritudeacab.html

O leerlo directo aqui:

Que el Espíritu de Dios les permita retener lo que El considere útil para cada uno de ustedes los lectores, Bendiciones en Cristo Jesús! =)

Rosa.


El Espíritu de Acab
Por Stephen Bell


Índice:

Señales del Fin
La Gran Abdicación
El Gran Ataque
Las Grandes Consecuencias
La Gran Expiación
Oración Modelo

Señales del Fin

Jesús claramente enseñó que íbamos a ver señales anunciando el fin de la era presente. Aunque muchos están buscando señales más exóticas, el tercer capítulo de Isaías describe que una de las mayores señales del fin será el colapso de la familia. El pecado de desobedecer los principios trae juicio al matrimonio y familia en maneras no esperadas.

Isaías 3:4,5 lee, “Y les pondré jóvenes por príncipes, y muchachos serán sus señores. Y el pueblo se hará violencia unos a otros, cada cual contra su vecino; el joven contra al anciano y el villano contra el noble”. Y en versículo 12, “Los opresores de mi pueblo son muchachos, y mujeres se enseñorean de él. Pueblo mío, los que te guían te engañan, y tuercen el curso de tus camino”. El juicio aquí es un revés del papel del liderato de la familia y la sociedad.

Veamos ahora Malaquías 4:5, 6, “He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición”. Dios nos advierte que el orden de la familia es muy importante.

Una clave vital a la armonía en el matrimonio y casa es liberación de los espíritus malvados. Sin embargo, muchos en el cuerpo de Cristo todavía no se han dado cuenta de la importancia de la liberación personal. Al ir nosotros ministrando liberación personal a esposos, esposas, padres e hijos, vemos aumentando evidencia de grandes victorias en estas vidas. Con el tiempo nuestra experiencia virtualmente nos ha forzado a admitir que los espíritus inmundos trabajan en y a través de los creyentes para destruir matrimonios y familias. La batalla por la familia no es de la carne y la sangre. Los principados y potencias del divorcio, discordia y desorden no pueden ser derribados por medio de perogrulladas, psicología, y perseverancia.

Hemos descubierto que la persona no puede mantenerse libre de espíritus demoníacos a menos que camine bajo los principios del reino de la Palabra de Dios. Una vez que los ojos espirituales hayan sido abiertos, echar fuera a los demonios es fácil y maravilloso. El colocarse en el estilo de vida requerido para mantener la victoria es otra cosa. Casi todos de los principios de la sociedad de hoy día es en conflicto directo con el verdadero estilo de vida cristiano; así, después de que ejecutamos la victoria de la cruz de Cristo al echar fuera demonios, encontramos que debemos experimentar nuestra agonizante muerte en nuestra propia cruz al morir nosotros mismos y caminar bajo los principios del Reino.

Esta caminata sólo puede desenvolverse en un Cuerpo de Cristo local. Una persona o familia no puede vivir en victoria aparte de un Cuerpo local. El verdadero estilo de vida cristiano no puede ser reconocido, entendido, ni mantenido en la sociedad de hoy ni la vasta mayoría de iglesias. La verdadera vida cristiana es basada en los principios del Reino que, a su vez, son basados en el orden de Dios. La iglesia local que sigue los principios del orden de Dios tiene un papel central en la sociedad y en la casa. Orden es tan central a la efectividad del Cuerpo local como a la efectividad de la casa y la sociedad.

El sistema mundial no puede ni podrá ver el papel de la iglesia local. Cuando la iglesia está en desorden, esto imparta desorden a la estructura social y gubernativa. Del mismo modo y aun más básico, el desorden de la casa fluirá directamente a la iglesia. Como va caminando el matrimonio y el hogar, así irá caminando todo lo demás. Esto el enemigo lo sabe muy bien.

En Malaquías 4:5, Dios dice que en los últimos días enviará a Elías el profeta. Jesús dijo que Juan el Bautista era Elías. Juan vino al final de la era del Antiguo Testamento y al principio de la Era del Nuevo Testamento. ¿Puede usted ver que Elías debe venir de nuevo al final de la era del Nuevo Testamento y al principio de la siguiente era? Elías ahora viene como Espíritu enviado por Dios, no como un profeta, sino en una compañía de muchos profetas. Este ministerio profético, al igual que antes, tiene como objetivo la preparación del camino para la venida del Señor, y cumple con su meta primaria al volver los corazones de los padres (los padres de familia y de la iglesia) hacia los hijos, y los corazones de los hijos hacia los padres.

La primera manifestación de este espíritu en la tierra fue por medio de Elías. Su vida y experiencias son una fotografía profética para nuestros días. Elías tuvo una confrontación con una mujer malvada, que era la esposa del Rey de Israel. Su nombre era Jezabel. La confrontación vino porque el Rey Acab era un fracaso total. Su fracaso como marido y líder afectó a toda la nación de Israel y trajo repercusiones a las siguientes generaciones.

El fracaso de Acab abrió camino para las diabólicas obras de su esposa, la Reina Jezabel. Esto era la manifestación del juicio de Dios que vino por el profeta Elías a Acab. Acab había roto los principios de Dios para el matrimonio y el hogar; por lo cual como cabeza, él era el responsable. Este mismo principio sigue vigente hoy—Dios le hace cumplir al líder que Él ha designado en el hogar, la iglesia, y el gobierno.

Podemos aprender de los fracasos de Acab. Al igual que Acab, muchos hombres en la actualidad no caminan bajo los principios que Dios les ha establecido en sus posiciones como hombres, maridos, padres, y líderes. Yo lo llamo el espíritu de Acab. Continúe conmigo para ver lo que este espíritu ha venido haciendo a nuestras vidas.

La Gran Abdicación

Cuando alguien renuncia una alta posición, autoridad o función, se conoce como abdicación. Cuando un rey abdica, él rechaza y abandona su mando o poder. Cuando el marido y/o padre rechaza o renuncia su posición de liderato en la familia, esto también es abdicación. La diferencia es que los líderes de los países son fácilmente sustituidos, pero ¿quien podrá sustituir de manera adecuada a un marido o padre?

El rey Acab obviamente no tenía conciencia de su lugar de autoridad en su hogar; consecuentemente, el abandonó su poder como marido y padre. Ignorancia y rebelión lo llevaron a violar importantes principios de Dios. En violar estos principios él abrió puertas a muchos problemas en su matrimonio y familia. Después de sembrar, él cosechó mucho.

Un principio es una verdad fundamental o regla de conducta. Es una verdad general de la cual dependen reglas, métodos, o prácticas; en este caso la Palabra de Dios. La Palabra de Dios “trabaja” según principios.

Podemos predicar la Palabra, pero ésta no tendrá ningún efecto en nuestras vidas hasta que la pongamos a trabajar de una manera práctica. Principios bíblicos son la aplicación de la Palabra en nuestra vida cotidiana.

La vida de Acab muestra principios que debemos rehuir. La vida de él es el ejemplo clásico de lo que el hombre no debe ser. No queremos caminar en los principios carnales que él practicó. Al ver nosotros estos principios en la vida de Acab decimos: “No, este no es un principio que quiero practicar en mi vida”. Podemos aprender de sus errores.

¿Como fue que sucedió esa abdicación? ¿Por qué?, y ¿como es que un hombre puede bajarse de sus lugares de liderazgo? Veamos los ejemplos de Acab. “Comenzó a reinar Acab hijo de Omri sobre Israel, el año treinta y ocho de Asa rey de Judá. Y reinó Acab hijo de Omri sobre Israel en Samaria veintidós años. Y Acab hijo de Omri hizo lo malo ante los ojos de Jehová más que todos los que reinaron antes que él”. I Reyes 16:29,30. Los hombres tienen que dejar de mandar por hacer malo.

Acab consideró las cosas de Dios como triviales

Veamos el versículo 31 para ver como y porque se produjo la abdicación. “Porque le fue ligera cosa andar en los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, y tomó por mujer Jezabel, hija de Et-Baal, rey de los sidonios, y fue y sirvió a Baal, y lo adoró”.

Un principio que se encuentra en el camino de Acab es que él consideraba las cosas de Dios como triviales (ligeras). La versión Reina-Valera Nueva utiliza la palabra, ligera. Esto significa que la Palabra de Dios no era importante para Acab; así también el pecado era cosa ligera—no digna de tomarse en serio.

Cuando un hombre considera las cosas de Dios como algo sin importancia, este hombre se ha metido en graves problemas, saberlo o no. Acab estaba diciendo, “El pecado no es el asunto. ¡Te encuentras obsesionado por el pecado! Pecado, pecado, pecado es de todo lo que hablas. Yo haré lo que me plazca”.

Por causa de su actitud hacia los principios del Reino, Acab dejó las cosas de Dios a su esposa. Consecuentemente, ella lo guió a su religión pagana, en vez de que él la guiara a seguir al Dios verdadero y viviente.

El razonamiento de hoy por parte de un hombre puede ir algo así. “Tú decides a que iglesia vamos. Eso es cosa de mujeres. No es cosa de la cual me tenga que molestar. Tengo que pensar en el reino. Tengo batallas por pelear e ingresos para traer a casa. ¿Quieres comer, verdad? No tengo tiempo para ocuparme de cosas triviales como la iglesia”.

Acab estimaba poco el matrimonio

Cuando los hombres consideran las cosas de Dios como triviales, ellos empiezan a echarse para atrás. Vea con quien se casó Acab; con Jezabel, la hija de Et-baal, el rey de los sidonios. ¡El sabía mejor que eso!

Así podemos ver muy bien que Acab estimaba poco el matrimonio. El matrimonio como una institución dada por Dios no era importante para él. De otra forma, él se hubiera casada con una israelita y no con una pagana, no creyente.

Yo de cierto creo que Acab se casó por posición. Él pensó que como el padre de esta mujer era rey, sería bueno tenerlo de su lado al llegar el tiempo de guerra. Acab estaba buscando poder político y riquezas. Obviamente a él nunca le importó la opinión de Dios respecto a la mujer escogida por esposa.

Otra revelación en el descuido de Acab para los principios de Dios es la descripción de las Escrituras de Jezabel. Sabemos que era pagana; ella era promiscua sexualmente. Ella pintó sus ojos y se rodeó con los hombres castrados. Acab, como muchos hombres hoy, probablemente se casó por lujuria. Jezabel, por sus ojos lujuriosos, era una mujer atractiva, pintada, y engalanada. Cuando la lujuria incitó en Acab él no pudo resistir. Cuando los hombres no entienden la importancia que Dios pone en el matrimonio, ellos se casarán por razones equivocadas.

Satanás sabe esto y hoy que él está poniendo gran énfasis en el sexo. La pornografía es desenfrenada. Está encauzándose en nuestras casas a través de la televisión, películas del arriendo, y cable. Las tiendas de autoservicio, las gasolineras, los aeropuertos, y las librerías están llenas de material pornográfico impreso, poniéndolo muy al alcance de todos. El mundo de la propaganda busca cautivar nuestra atención por medio de mensajes pocos subliminales con alto contenido sensual.

Este énfasis en el sexo y pornografía da por resultado el debilitamiento del pacto matrimonial. Su efecto es la baja estima del matrimonio. Al igual que en muchas vidas hoy, los valores de Acab estaban al revés. Como dice en el libro de Isaías: ¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo! (Isaías 5:20). Esta profecía se está cumpliendo hoy enfrente de nuestros propios ojos.

Acab se fue detrás de otros dioses

Vea de nuevo la última parte del versículo 31. Dice que él sirvió a Baal y lo adoró. La próxima cosa que vemos este hombre hacer es seguir a dioses ajenos. Acab fue tras de Baal.

Cuando usted sigue a otro dios, usted tendrá un altar para ese dios en su vida. A menudo llamamos ciertos lugares en edificios de iglesias altares. Hoy, no hay lugares para altares físicos porque Dios ha deshecho tales tradiciones y cosas del hombre. El altar ya debe estar en nuestro corazón.

Sin embargo, todavía edificamos altares. Desafortunadamente estos altares llegan a ser lugares de homenaje—lugares de respecto e influencia en nuestras vidas. La mayoría del tiempo nosotros no nos damos cuenta que están ahí—en nuestros corazones.

Primordialmente, un altar es un lugar de entrada. Es donde recibo cosas en mi vida. Es un lugar en donde hago a un lado mis defensas. Estaré abierto y diré, “Todo puede entrar. Ahora estoy receptivo. Estoy abierto”.

En el altar de Dios yo me abriré totalmente a Él. Dondequiera en mi vida que yo esté totalmente receptivo a Dios, ahí está mi altar. Los patriarcas del Antiguo Testamento conocían de las experiencias del altar en sus vidas.

Acab construyó un altar y abrió su vida seguir a otros dioses. Usted pudiera decir, “Que bueno que yo no hago eso”. ¿Pero así no hacemos? ¿Qué de los deportes? ¿Qué del estar sentado a la orilla del lago tirando al agua, vez tras vez un hilo prendido de una vara? ¿Qué del periódico grande y grueso que llega todos los días detrás del cual se esconde? Devoción y enfoque a tales actividades les hacen llegar a ser altares en nuestras vidas—lugares de entrada. Pueden convertirse en tipos de Baal, porque quitan de nuestra familia o del Reino de Dios. Se llegan a convertir en lugares altos en nuestras vidas.

No estoy en contra del fútbol, yo lo jugué con avidez en cierto período de mi vida. No estoy en contra de ir de pesca, me encanta pescar. No estoy en contra de leer el periódico. Empero, lo que quiero decir es que hacemos altares de estas cosas y seguimos a otros Dioses. Satanás nos ayudará en cualquier actividad que debilite nuestro liderazgo en el hogar.

Podemos ver en el versículo 32: “E hizo altar a Baal, en el templo de Baal que el edificó en Samaria”. Él entonces construyó un altar a otro dios. Hay un espíritu involucrado en los deportes. Hay un Dios de deportes. Su influencia está por toda América, y está debilitando a nuestras familias. Está canalizando actitudes y emociones que no son de Dios en nuestras vidas y las de nuestros hijos que no son de Dios. ¡No son de Dios! Un espíritu de competencia no es de Dios. La competencia no está en Su Palabra y no es una parte del reino de Dios. Sin embargo, hemos recibido un impartir de este espíritu, y ha entrado a nuestras iglesias. Nosotros encontramos a la gente de Dios y a las iglesias compitiendo entre sí. ¿Comó puede suceder tal cosa?

Acab construye otro altar. En éste altar él alaba la empresa, el éxito, las ganancias, las promociones, y la riqueza. Tú dices, “Como yo no soy rico, ese no es mi problema”. Pero, como Usted ve, la intención está allí para motivar. ¡Que tenga éxito! Haga más dinero. Saque un poco más. Hágase una casa más grande. Maneje mejor auto. ¡Muévete, muévete! Hacemos un altar en nuestros corazones a tales cosas y Satanás nos ayudará en todo lo que pueda.

Vemos en el versículo 34 el cimiento echado para alabar la empresa. “En su tiempo Hiel de Bet-el reedificó a Jericó. A precio de la vida de Abiram su primogénito echó el cimiento, y a precio de la vida de Segub su hijo menor puso sus puertas, conforme a la palabra que Jehová había hablado por Josué hijo de Nun”.

Para entender el significado de Hiel construir Jericó, necesitamos mirar un poco de la historia de Jericó. Cuando Israel vino a tomar Canaán, la primera cuidad que tomaron fue Jericó. Josué fue guiado por el Señor a pararse y pronunciar maldición sobre las ruinas de esa cuidad. La maldición era de muerte para el primogénito de aquel que pusiera los cimientos de la cuidad; y para él que pusiera las puertas de la cuidad, su segundo hijo moriría.

El nombre Hiel significa “Viviente de Dios”. El llegó de una cuidad llamada Betel, que significa “Casa de Dios”. Aquí tenemos a un hombre de Dios, viviente de Dios, en un lugar llamado casa de Dios, quien edificó una cuidad maldita y en hacerlo sacrificó a dos de sus hijos. El espíritu de empresario que fluye por el liderazgo causará el sacrificio de sus hijos. Podemos ver que el dios de nuestro trabajo, el dios de nuestra corporación, el dios de empresa; hemos puesto en sus altares a nuestros hijos y los hemos sacrificado. ¡Somos unos de Acab! Pero usted dice, ¡“Yo no alabo a Baal”!

Lo que hay en el liderazgo fluye hacia abajo. Encontramos de nuevo esta enseñanza en I Reyes 20:34. La escena aquí es que Acab está en batalla. Dios le dijo que fuera a la batalla y hacer su cosa. Dios siempre le dice a Su gente que no preservara ni guardara nada. ¡Maten a los reyes! ¡Borren todo! ¡Destruyan todo! Este es un principio importante de liberación. Para mantenernos libres, no debemos detenernos hasta que el trabajo esté terminado. Si dejamos un poco sin terminar aquí y otro poco por allá, no solo perderemos todo lo que hemos avanzado, sino que también le desagradará al Señor.

Acab perdonó la vida al rey Ben-Hadad y eso desagradó al Señor. Acab y el rey pactaron. Y Ben-Hadad le dijo: “Y le dijo Ben-adad: Las ciudades que mi padre tomó al tuyo, yo las restituiré; y haz plazas en Damasco para ti, como mi padre las hizo en Samaria. Y yo, dijo Acab, te dejaré partir con este pacto. Hizo, pues, pacto con él, y le dejó” I Reyes 20:34. En otras palabras, Ben-hadad dijo: “Te ofrezco un trato. Te dejaré que pongas empresas en Damasco para que hagas algo de negocio allá”. Y Acab le contestó, “Acepto, y a cambio te perdono la vida”.

Aquí hay codicia. ¡Qué gusto, más ingresos, más dinero, más riquezas! ¡Ahora me podré comprar un carruaje más lujoso! Esto enganchó a Acab. Allí iba caminando y pactando con Ben-Hadid a quien debería haber matado. Hay muchos demonios que vendrán a hablarte. Dicen a su mente, “Oye, ¡tengo un tremendo negocio para ti”! Estos hablan a la gente ofreciéndoles cosas para el deleite de su lujuria. “No”, es lo que debes contestar, “Aléjate de mi. No me hables. Ya me deshice de ti por medio de ministerio. Ya no me puedes seducir”.

Varones, el espíritu de empresa nos seduce del liderazgo de nuestro hogar. Somos atrapados por este sistema a costo de sacrificar a nuestros hijos. No hay ningún puesto en este mundo que sea más valiosa que su hijo, su esposa, y su hogar. ¡Ninguna! Dios es nuestra fuente. Debemos buscar a Él y aceptar como Él quiere canalizar las finanzas hacia nosotros ya sea a través de la compañía X, o la Y, etc. Él lo puede hacer. Él es nuestra fuente y el Reino debe ser nuestra carrera. Todo lo demás es solo una tarea.

Acab ambicionaba lo que era propiedad de otro hombre

La ambición por cosas materiales, eventualmente llevó a Acab a desear lo que era de otro hombre. Vamos a I Reyes 21:1,2 “Pasadas estas cosas, aconteció que Nabot de Jezreel tenía allí una viña junto al palacio de Acab rey de Samaria. Y Acab habló a Nabot, diciendo: Dame tu viña para un huerto de legumbres, porque está cercana a mi casa, y yo te daré por ella otra viña mejor que esta; o si mejor te pareciere, te pagaré su valor en dinero”.

Aquí estaba este rey, como Ud. sabe, EL REY. Él se asoma por la ventana y ve a un humilde israelita que posee un pequeño viñedo al que ha cuidado con tanta dedicación. De hecho Nabot significa “fructífero”. No era más que un pequeño jardín de legumbres. Pero el rey lo vio y dijo, “Lo quiero para mí.” El rey podría comprar tierra en cualquier parte del país y hacer prácticamente cualquier cosa que él deseara. Sin embargo, él quería lo que le pertenecía al otro.

Eventualmente el impulso materialista nos llevará a desear lo que pertenece al otro. No quedamos satisfechos con lo que podemos comprar en el mercado. Empezamos a ver a nuestro alrededor y a decir, “Ya esto no es suficiente reto para mi. Voy a ver si puedo tomar algo de ese hombre”. Esto sucede en el medio corporativo y en el mundo de los negocios todo el tiempo. La gente de bienes raíces se pelean y atropellan por propiedades. Los ejecutivos maniobran y pelean por más títulos y posesiones de autoridad.

Codicia nunca es saciada—nunca será satisfecha. Al final usted cruzará la línea de meramente tener. Deseará lo que es justamente de otra persona.

Esto también sucede en la iglesia—la ambición por el ministerio de otro hombre. “Si tuviera su ministerio, si tuviera su iglesia. . .” Este malvado espíritu empieza a levantarse cuando nos volvemos ambiciosos en el ministerio.

Ambición y competencia no son del agrado de Dios; pero muchas veces estas son las motivaciones para llevar a cabo muchas cosas en el nombre de Jesús. Estos espíritus se consideran de gran valor en el mundo de los negocios y también así se consideran en algunas iglesias. Al tener una entrevista para un empleo ellos le escudriñan al candidato para medir su competitividad y ambición. Muchas compañías no le contratan a uno si no ven en la persona agresividad y ambición.

Si usted es un joven buscando ministerio y es ambicioso, usted tiene problemas—también la iglesia. Hombres ambiciosos han traído muchos problemas al Reino. “Quiero un ministerio mas grande—una iglesia más grande; voy a construir un edificio más grande; voy a tener más gente”. Tal impulso revela espíritus contrarios al Espíritu Santo.

Acab deseaba el viñedo de Nabot. ¿Por qué no lo podía tenerlo? Porque Nabot era un hombre de Dios y conocía lo que dice Números 36:7, que no vendas su heredad. No lo puedes hacer. Nabot le recordó esto a Acab y le dijo, “Y Nabot respondió a Acab: Guárdeme Jehová de que yo te dé a ti la heredad de mis padres” (1 Reyes 21:3). Así Nabot se mantuvo firme en la Palabra de Dios delante del rey. Y el humilde israelita dijo: “Lo siento rey, yo haré lo que es correcto; me voy a seguir lo que dice la Palabra de Dios.” Esto le costó la vida.

¡O para hombres que se mantuvieran firmes en la Palabra de Dios hasta la muerte! ¡Hombres esto es lo que debemos de empezar a hacer! Tenemos que mantenernos firmes en la Palabra de Dios cueste lo que cueste. Podremos perder amigos y trabajos. Tal vez tengamos que perder todo para mantenernos firmes en la Palabra de Dios, pero Dios anda buscando este tipo de hombres. Dios vindicará a estos hombres. Dios vindicó a Nabot.

1 Reyes 21:4 dice, “Y vino Acab a su casa triste y enojado, por la palabra que Nabot de Jezreel le había respondido, diciendo: No te daré la heredad de mis padres. Y se acostó en su cama, y volvió su rostro, y no comió”. ¡Este hombre se ha vuelto niño! ¡Que niñería! No hay nada más ridículo que un hombre maduro, casado, con hijos, comportándose como un niño chiquito.

Mire a Acab hacer pucheros. Los de Acab son así. Es sorprendente ver a un ejecutivo exitoso, quien controla empresas e imperios, actuando como un niño caprichoso. Pero esto se ve en todos si se le agarre en el momento preciso. No deje que le engañen. Sus posesiones y el estilo de vida les hacen dar la impresión de ser hombres de confianza y finos, mas en verdad, debajo de esa máscara se esconde un niño caprichoso que es capaz de hacer un escándalo cuando no consigue lo que quiere. Así tenemos el viejo Acab escondiendo lo que en realidad hay por adentro.

La fuerza y la sabiduría requeridas para liderar no estaban allí, así que el matrimonio se cae. La familia titubea hasta que finalmente cae en un embrollo de liderazgo no aprobado ni ungido. Los hombres han abdicado por incumplimiento; no obstante, han abdicado.

El Gran Ataque

El ataque sigue la gran abdicación. Satanás tiene permiso de atacar debido al desorden. Vamos a I Corintios 11:8, 9, “Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón, y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón”. Ahora vamos a Efesios 5:23, 24, “porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo”.

No voy a enseñarles acerca de la sumisión de la mujer. Muchas mujeres probablemente lo malinterpretan, tanto como muchos hombres. Pero, voy a decir que la esposa no es inferior. La Palabra de Dios no dice esto. La palabra dice que alguien tiene que ser la cabeza y de cierto no debe ser la mujer. Alguien debe llevar los pantalones en la familia, y se supone que es el hombre. Eso es todo lo que Dios dice. Cualquier cosa con dos cabezas es un monstruo. Alguien debe de ser la cabeza, y Dios ordena que lo sea el varón.

No es Stephen Bell que lo ordena. Es orden de Dios, revelado en Su Palabra. Así tenemos que estar de acuerdo, “Dios, si he de ser bendecido, es mejor que lo haga como tu mandas”.

Satanás va por la cabeza

Satanás conoce el orden de Dios y por eso va tras la cabeza. Nosotros tenemos que aprender este principio en guerra espiritual: ir por la cabeza—no por el dedo de pies, ni por la rodilla, sino por la cabeza. Si la cabeza cae, el resto tiene que seguir. Satanás ataca la cabeza porque él sabe el orden de Dios. Realmente, él sabe el orden de Dios mejor que nosotros. Él persigue a los hombres. Él empieza temprano con los varoncitos.

En la Biblia vemos este principio de guerra usado por Satanás. ¿Que sucedió en los días de Moisés? ¿Que fue lo que hizo el faraón? El ordenó que todo varón israelita fuera asesinado. Satanás era la fuerza impulsora de todo esto. Él vio que el Libertador estaba por llegar, y fue tras él antes de que el niño pudiera hablar. Recuerde lo que Herodes hizo en el tiempo de Jesús. Él emitió un decreto para que todos los bebes varones fueran asesinados. Lo dice en la Palabra: “Voz fue oída en Ramá. . . Raquel que llora a sus hijos”, sus varones, su simiente. (Mateo 2:18, Jeremías 31:15).

Satanás entiende este principio, así que el anda tras la simiente. Empieza en la niñez. Si él no lo puede hacer en el vientre, él empezará en la niñez. El tratará de poner rechazo en el niñito. Él pondrá heridas en ese niño para que tema relacionarse, en especial con la mujer. Él tratará de meter en el pequeño un espíritu de macho que trae “Esto es como un hombre debe ser: ¡NO LLORES, QUE SEAS HOMBRE, PONTE DURO! Las paredes empiezan a levantar, y el pequeño empieza a tener una idea distorsionada de lo que debe ser el hombre en realidad. Entonces el escenario está listo, ¿para quién? Para Acab—entra el espíritu de Acab.

El hombre no se recupera tan rápido como la mujer. El hombre es más dado a guardar cosas adentro y guardarlas por años. Ellos esconden montañas de emociones escondidas. Todo hombre necesita ser liberado de amarguras y heridas profundas. Es muy difícil para un hombre admitir esto. Es difícil decir, “Me voy a abrir y exponerme y correr el riesgo de ser lastimado”, pero tenemos que hacerlo. Si no lo hacemos, nos convertimos en un especial candidato para recibir el espíritu de Acab, el grandioso Acab, quien se retrae, se mantiene en control (la mayoría de las veces) y a diario va muriendo por dentro.

Satanás desconcierta a los hombres para detenerlos de cumplir con sus responsabilidades como sacerdotes y líderes del hogar. ¡Hombres, este ha sido el ataque sobre nosotros en nuestras vidas y nuestros hogares!

Volvamos a I Reyes 21:5–8: “Vino a él su mujer Jezabel, y le dijo: ¿Por qué está tan decaído tu espíritu, y no comes? El respondió: Porque hablé con Nabot de Jezreel, y le dije que me diera su viña por dinero, o que si más quería, le daría otra viña por ella; y él respondió: Yo no te daré mi viña. Y su mujer Jezabel le dijo: ¿Eres tú ahora rey sobre Israel? Levántate, y come y alégrate; yo te daré la viña de Nabot de Jezreel. Entonces ella escribió cartas en nombre de Acab, y las selló con su anillo, y las envió a los ancianos y a los principales que moraban en la ciudad con Nabot”.

Y así veamos la niñería—el hacer tanto pucheros. Y el versículo 6 leemos: “Porque hablé con Nabot... y él respondió: Yo no te daré mi viña”. Su comportamiento infantil, su capricho lo guió a que se debilitara y finalmente renunciara al poder y la autoridad que Dios ha puesto en el hombre.

Acab imponía demasiado a su esposa

Todavía hay más principios. Al ir renunciando Acab a su poder, el cometió grandes errores. Esto sucede hoy en muchos hogares. ¿Cuales fueron sus errores?

Primero, el impuso demasiado encima de su esposa. Él trajo a su casa un problema que ella no pudo resolver. Una de las cosas que estoy aprendiendo en el ministerio es esta: hay gente que se levantará contra mí y dirá cosas. Me llaman por teléfono y me apalean. Yo puedo soportar esto. Pero en la mayoría de los casos, mi esposa no. Puedo tener desacuerdos con alguien respecto a la administración de la iglesia o en consejería. En la mayoría de los casos, soy capaz de resolver el desacuerdo con la otra parte ya que soy él que lleva la responsabilidad en el ministerio. Pero mi esposa batallará para resolver las cuestiones emocionales que esto le causa. Así muchas esposas toman como suyas las ofensas hechas a sus maridos y tal vez nunca logren soltarlas. Esto es un área importante en el área ministerial donde el marido debe proteger a su esposa.

Consecuentemente, he aprendido que no debo cargar a mi esposa con ciertas cosas. Ella no fue creada para manejar ciertas cargas y golpes que veo como parte de mi responsabilidad diaria. Soy más fuerte que ella en algunas áreas emocionales y de hacer decisiones. Dios estaba hablando proféticamente acerca de Su novia, la iglesia, cuando nos hizo de la manera que somos. (Vea I Pedro 3:7).

Muchos hombres cargan demasiado a sus esposas. En una reunión ministerial que asistí, la esposa de uno de los hermanos compartió acerca de este principio. Ella dijo, “Si mi marido llega a casa diciendo ‘querida, sabes, ya me corrieron y no sé que vamos a hacer’, esto me devastaría. Pero si el viene y me dice: ‘Querida, tengo algo de decirte, pero no te apures, ya busqué al Señor y Él me ha prometido mostrarme lo que tengo que hacer’. Y luego me dice, ‘He perdido mi trabajo hoy’. Esto es totalmente diferente”. Una esposa puede aceptar eso.

El viejo Acab nunca usó tal sabiduría. El era demasiado duro para orar. Después de todo, esto es una forma de vengarse de “la vieja”. Así que él corre hacia la casa y le descarga a la esposa.

Acab esperaba demasiado de su mujer. Él llegó a casa todo cargado y deprimido. Cada esposa desea ver a su marido feliz. Ella no quiere ver un bulto deprimido en su casa. Cuando este espíritu de mal genio se extiende por toda la casa, la casa entera se acaba—todos en la casa se afectan. “Papi anda de malas, no le acerques”. Todos andan de puntitas alrededor, y Mamá dice, ¿“Qué podré hacer para animarlo? No queremos a semejante gorila en casa, ya que es probable que lastime a alguien”. Usualmente él lo hace con palabras.

Es parte de las esposas querer ver a sus esposos contentos, felices, y que tengan paz. Ellas saben de qué humor vienen desde el momento que ellos llegan a la puerta. La mayoría de las esposas harán cualquier cosa para tener paz en casa hasta cosas perversas. Ella quiere paz y sus niños criados en paz. Ella quiere que el hombre sea hombre, y ella hará cualquier cosa para que así sea, incluyendo manipulación y confabulación. Ella hará cualquier cosa, o cualquier tipo de favor, aún cosas que van en contra de su conciencia, tan solo con el propósito de ver a su hombre feliz. Acab provoca a su esposa a pecar, y él no se da cuenta de lo que está haciendo.

Algunos hombres juegan con este deseo de sus esposas. Yo tuve que buscar perdón por tal comportamiento, ya que yo solía hacerlo con mi esposa. Yo la manipulaba con mi mal humor, y ella trataba cualquier cosa a su alcance para verme feliz. Yo la manipulaba para obtener de ella lo que yo quería. Estoy siendo muy personal, porque quiero ayudarle a ser honesto y libre.

Cuando un hombre espera demasiado de su mujer—espera que lleve esta y aquella carga—esto le causa al hombre irse debilitando paulatinamente. Con el tiempo esto abre la puerta a que otros espíritus entran su vida. Uno que he visto es el espíritu del inválido. Tuvimos en la iglesia una situación en donde el esposo era inválido debido a su mujer. No empezó de esa forma. Pero por su rechazo de responsabilidad, el permitió que lo pasara.

Hombres, estoy poniendo la carga sobre nosotros. Hemos hablado de Jezabel, nos hemos reído y bromeado acerca de ella, pero tenemos lo que merecemos. Jezabel es lo que merecemos si rehusamos crecer y llegar a ser hombres de Dios.

Acab dejó que su mujer se encargara de su problema

Un principio adicional es que Acab dejó que su mujer tomara parte de su problema. Lo que él quería conseguir, aunque fuese en contra de la Palabra de Dios, él debiera haberlo hecho él mismo. Él era él que quería esa propiedad, y por tanto, él era él que debía haber salido para obtenerla. No era una responsabilidad de su esposa hacerlo, pero él la dejó, y ella se equivocó. Usted puede leerlo en I Reyes 21. Cuando un hombre deja que su mujer haga las cosas que él debiera hacer él mismo, esto acarrea devastación a su vida y a su relación con Dios. El efecto más terrible es la pasividad. Tal hombre llegará a ser entumecido a las cosas de Dios.

Hemos tenido parejas viviendo con nosotros de vez en cuando. Dios nos dijo que no lo hiciéramos más. Aprendimos mucho. Cuando deja a parejas vivir con usted, esto destruye la iniciativa del esposo.

Sin la sola responsabilidad de liderazgo y provisión de su propia casa, el hombre se vuelve pasivo. Fue tan terrible en un par de ocasiones, que tuve que pedir a mis hermanos y hermanas en Cristo que se fueran.

Hombres, si hay un problema en la escuela de sus hijos, es su responsabilidad. Si hay algún problema con sus finanzas, es su responsabilidad.

Si hay algún problema con su automóvil, es su responsabilidad. Si hay algún problema con la lavadora, es su responsabilidad.

Así que Jezabel tomó la autoridad de su esposo porque él se la cedió. Él pudiera haberla detenido y todo el desastre habría sido evitado. El pudo haberle dicho, “No, usted no hará eso. Yo me ocuparé de hacerlo”.

Pero, muchas mujeres, por miedo, saltarán y dirán al marido: “Querido, déjame a mi hacerlo”. El hombre verdadero se parará y le dice, “No, yo me lo encargaré”. No importa que tan cansados estemos, o aunque ya hayamos pasado por esto antes. Nosotros nos lo ocuparemos. Pero Acab deja actuar a Jezabel. Entonces aquí comienza el patrón de la influencia de Jezabel.

El problema de Jezabel no se limita a la casa. Se derrama sobre todo lo demás, incluyendo la iglesia, los negocios, y el sistema político. Cada vez son más las mujeres que ocupan las posiciones políticas. Esto no agrada a Dios porque está fuera de Su orden. Usted podrá decirme, “Puerco antifeminista”. ¡Amén! Llámeme como quieras, pero yo sé lo que traerá la paz y las bendiciones de Dios, y eso es lo que quiero. Quiero verle bendecido, y me pondré duro con usted porque le amo.

Alguien me preguntó, ¿“Por qué te metiste en liberación”? Entonces pensé, ¿por qué lo hice? Tiene que ser del Señor, ya que nadie desearía este ministerio en la carne”. El ministerio de liberación es difícil de entender y de aceptar por la gente. Por ejemplo, un hermano me llamó y me dijo, “Hermano Steve, creo que no sabías lo que decías cuando dijiste que la mayoría de los cristianos llenos del Espíritu tienen demonios”. Y le contesté, “Sí, eso es lo que dije y entiendo lo que dije”. Se hizo silencio al otro lado del teléfono. Mucha gente tiene miedo de la verdad de la liberación. Después de esto, me sacaron del programa de radio en Dallas.

Ud. ve, la razón porque ministramos liberación es porque Dios nos ha dado amor por Su gente. Y empezamos a decir, “Dios, queremos verlos bendecidos, libres, victoriosos. ¿Que podemos hacer?” ¿Sabe lo que Dios siempre dice cuando llegamos a ese punto? Él dice, “Libérenlos”. Decimos, ¿“Liberarlos de qué? Dios dice, “De demonios. Libérenlos de demonios”.

Acab le tenía miedo a su mujer

El principio de buscar la paz no importa lo que cueste puede trabajar de dos formas. El marido manipula a su mujer por mal humor. La mujer manipula al marido por mal humor. Una regla que no está escrita en los hogares, pero que es muy común es la siguiente: “Haz lo que quieras, pero no hagas enojar a Mamá”. Todos saben los pelos que puedan estar encendidos cuando Mamá se enoja.

En muchos hogares se escenifican grandes encuentros entre Acab y Jezabel hasta que Acab se desgaste y le entregue la pelota a Jezabel y él se va a pescar, a leer el periódico, o a ver un partido de fútbol (que es el deporte que los verdaderos hombres juegan). Estos hombres nunca más vuelven al campo de juego.

Por qué la mayoría de los hombres no detienen a sus mujeres cuando ellas empiezan a caer en el espíritu de Jezabel? He aquí una gran revelación— ¡por MIEDO! Los hombres les tienen miedo a sus mujeres. Y en honor a la verdad, tienen miedo de lo que ellas puedan hacer. ¿De dónde viene el miedo? Viene del espíritu de Acab. Jezabel maldecirá, gruñirá, y echará abajo las paredes. Pero Acab en una mezcla de sentimientos la temerá y la amará al mismo tiempo.

El hombre necesita ser liberado del temor a la mujer. Dice I de Pedro 3:7: “la mujer como a vaso más frágil”. ¿Por qué es ella el vaso más frágil? ¿De qué habla Pedro? Él quiere decir que la mujer no está ungida para el liderazgo. Cuando ponemos a la mujer en esa posición, esto siempre abre la puerta a espíritus de brujería—siempre.

Otra puerta que también se abre es odio hacia la mujer. El Espíritu de Acab tiene miedo a su mujer, y la odia por eso. Ahora, tenemos la codicia en una nueva dimensión, ya que cada hombre que tiene un problema de codicia también tiene un problema de odio. Cuando el hombre codicia a una mujer él no le respeta, él la odia. Aquí es donde la perversión entra. Un hombre que está lleno de odio por la mujer eventualmente llegará a ser pervertido si no recibe liberación. Usted puede encontrar esto explicado en el primer capítulo de Romanos. (Puede escuchar mi enseñanza, “Trampas Sexuales”).

Esto no termina aquí. Después llega el odiarse a sí mismo. El hombre se odia a sí mismo por no tener una personalidad varonil. Luego llega la falta de confianza en sí mismo, después el fracaso, más tarde desempleo, y entonces más temor— temor y temor sobre temor. Esto es un tipo diferente de temor, no temor a la mujer, sino un temor a todo. “No voy a poder. No podré pagar mis deudas. No podré mantener mi trabajo”. Es como un infierno literal.

Finalmente, la comunicación se rompe. Este es el último agrietamiento que trae como consecuencia el divorcio. Cuando su comunicación se rompe, su matrimonio está en serio peligro, ya que esto da lugar al resentimiento y aumenta el distanciamiento entre los dos.

Satanás y sus demonios han hecho su trabajo.

Las Grandes Consecuencias

Ha habido una gran abdicación de parte de la cabeza del matrimonio y del hogar. Esta abdicación ha dejado a la familia descubierta espiritualmente, y Satanás ha lanzado un fuerte ataque. Veamos ahora las Grandes Consecuencias.

En I Reyes 21:17-22, vemos que Dios envió a Elías a confrontar este desorden. ¡Dios finalmente hace algo! Él es paciente, benigno y misericordioso; sin embargo si Ud. está fuera de orden y no asume la responsabilidad de poner su familia en orden, la Palabra del Señor llegará y corregirá. Y la vendrá. No estoy tratando de infundirle temor. Estoy diciendo es, ¡“Pon sus cosas en orden! Ya no tenemos tiempo de andar causando más desorden. ¡Fíjese los pantalones, hombre”!

He aprendido algo en la iglesia. He orado por gente. He amado a gente. He tratado de amarlos y hacerlos libres. Algunas veces le hace falta sólo decirles, ¡“Déjese de hacer eso ya! ¡Ya no lo haga más! ¡En el nombre de Jesús, le digo que deje de hacer eso”!

Eso es lo que Dios hizo finalmente. El envió al profeta Elías a Samaria. Le dijo al profeta que se reuniera con Acab, el rey, no con Jezabel, quien hizo el trabajo sucio. ¿Por qué? Porque el principio de Dios es que el marido es la cabeza. Él es el responsable cuando las cosas andan mal en el matrimonio y la familia. Tal vez él no sea la causa, pero siempre es el responsable. (Vea Números 30:6-15 para ampliar el entendimiento de este principio).

Veamos I Reyes 21:19,20 “Y le hablarás diciendo: Así ha dicho Jehová: ¿No mataste, y también has despojado? Y volverás a hablarle, diciendo: Así ha dicho Jehová: En el mismo lugar donde lamieron los perros la sangre de Nabot, los perros lamerán también tu sangre, tu misma sangre Y Acab dijo a Elías: ¿Me has hallado, enemigo mío? El respondió: Te he encontrado, porque te has vendido a hacer lo malo delante de Jehová”.

Acab se vendió a su esposa. Vea versículo 21: “He aquí yo traigo mal sobre ti, y barreré tu posteridad y destruiré hasta el último varón de la casa de Acab, tanto el siervo como el libre en Israel”.

La consecuencia del desorden es la maldición de Dios

Aquí vemos otro principio de la Palabra de Dios. La consecuencia del desorden es la maldición de Dios. Si su hogar no está en orden, la maldición vendrá con tanta seguridad como le llega el devorador a los que no diezman. No es el diablo en este caso—es Dios quien envía la maldición. Es dirigida a los hombres. Es el hombre quien tiene que asumir la responsabilidad y decir, “Tengo que hacer algo al respecto”.

¿Sabe lo que Dios nos está diciendo en el versículo 19? “En el mismo lugar donde lamieron los perros la sangre de Nabot, los perros lamerán también tu sangre, tu misma sangre”. Él está diciendo ojo por ojo y diente por diente. Cuando pecamos nos volvemos a poner bajo la ley, y en la ley no hay misericordia. Solo el arrepentimiento al cambiar nuestros caminos, abrirá la puerta a la misericordia y perdón de Dios. La misericordia triunfará sobre el juicio si nosotros hacemos nuestra parte.

Los pecados del padre, no sólo afectan al padre

El siguiente principio es que los pecados del padre no terminan con el padre. Hombres, lo que estamos arruinando no terminará con nosotros. Las consecuencias pasarán a nuestros hijos, nietos, y bisnietos. ¿No es esto espantoso? Lo que estoy haciendo mal hoy, seguirá viviendo. Voy a ser recordado. Generaciones por venir orarán y preguntarán: ¿”O Dios, qué fue lo que hice”? Y Dios dice, “Nada, fue su bisabuelo. El era un Acab”.

Esto afecta principalmente a los varones de la familia. ¿Sabe por qué hay tal incremento en la homosexualidad? ¡Los Acab! “Oh”, Ud. dice, “Es Jezabel”. ¡No, es Acab! Sin los Acab, las Jezabel serían muy raras.

Recibes la recompensa de quien emula

I Reyes 21:22 lee, “Y pondré tu casa como la casa de Jeroboam hijo de Nabat, y como la casa de Baasa hijo de Ahías, por la rebelión con que me provocaste a ira, y con que has hecho pecar a Israel”. Es necesario entender que usted recibirá la recompensa de quien Ud. emula. Si su padre era un Acab, y usted lo está emulando, usted recibirás lo mismo. Usted puede decir, “Mi papá sí causó mucho desastre. Yo no quiero ser como él”. Pues, no lo imites más. Ud. recibirá la misma recompensa de quien emula.

Si usted quiere emular una estrella de cine o alguien así, bien, que siga. Fui a visitar a su oficina un hombre lleno del Espíritu Santo que tenía un cuadro de John Wayne colgado en la pared detrás de su escritorio. Tal cuadro rebozaba espíritus.

Y le dije, “Hermano, ¿por qué tiene esa cosa colgada en la pared”?

Me contestó: ¡“Ha! El día antes de que fui salvo, caminaba por la calle medio borracho y lo compré”.

Le dije, ¿“Ha mirado bien esa cosa”?

Oramos y el hermano me dijo, “Creo que debo deshacerme de esa cosa, ¿no cree”?

Claro, tiene que hacerlo.

Él por fin discernía a los espíritus, pero él tenía el deseo de ser como John Wayne. Muchos hombres hoy creen que John Wayne es el modelo del hombre verdadero y tratan de imitarlo. Escuchen, Dios quiere que seamos quien somos—lo que Él nos hizo que fuéramos. Él quiere que seamos hombres de Dios que caminamos verdaderamente en los principios de la Palabra de Dios. Un verdadero hombre es aquel que produce los frutos del Espíritu Santo, no los frutos de Hollywood o del mundo del deporte.

En I Reyes 22:34–40, Acab oyó la profecía. Él fue a la batalla y trató con todo su poder de esconderse—aún se disfrazó. “Y un hombre disparó su arco a la ventura e hirió al rey de Israel por entre las junturas de la armadura”. (¡Allí está, versículo 40!) “Y durmió Acab con sus padres, y reinó en su lugar Ocazías su hijo”.

Cuando Dios habla acerca de algo, se cumplirá. Es garantizado. Podrá tomar 30 años, pero se cumplirá, a menos que Jesús intervenga en el asunto. ¡Oh, cuánto ha hecho Jesús por el hombre! No importa dónde o tan grande que sea el desastre, corra a Jesús.

Finalmente en II Reyes 10:11 leemos, “Mató entonces Jehú a todos los que habían quedado de la casa de Acab de Jezreel, a todos sus príncipes, a todos sus familiares y a sus sacerdotes, hasta que no quedó ninguno”. Toda la raíz de Acab fue cortada. Jehú fue el hombre que Dios usó para matar a Jezabel y borrar a la familia entera—limpiar todo el desastre. El nombre de Jehú significa “Jehová es él”. Él era “la Mano de Jehová”.

La Gran Expiación

Gálatas 3:13 dice que Jesús nos ha redimido de la maldición de la ley. Él ha llegado a ser una maldición por mí. Jesús ha llegado a ser un Acab por mí en la cruz. Gloria a Dios, Él es nuestra respuesta. Tenemos que llegar a ser hombres de Jesús. ¿Cómo hacemos esto?

Primero, admita que usted es un Acab. Admita que todo empieza con la cabeza—el hombre. Todo empieza con USTED. No diga, “Bien, voy a vigilar a mi mujer”. No se quede sentado. ¡Mueva! ¡Vamos! Esto empieza con nosotros. Nada sucederá hasta que nos movamos.

Dios empezará un movimiento con las mujeres, pero Él esperará a los hombres para que lo terminen. Las mujeres que sean inteligentes—que Dios usará—

reconocerán esto. Al moverse los hombres hacia adelante, ellas se moverán hacia atrás. Débora lo entendió y le dijo a Barac, “Usted continúa a partir de aquí”. Bendito sea Barac, él era un Acab también—temeroso, débil, y miedoso (Vea Jueces 4:1-10).

Primero que todo, debemos admitir que somos culpables. Tírese a la misericordia de Dios y dígale, Jesús, te necesito. Líbrame de las maldiciones que hay en mí y en mi familia. Líbrame para ser un hombre de nuevo, el hombre que tú planeaste que fuera desde antes del principio.

Entonces, después de clamar a Jesús, renuncie a los espíritus. Rompa las maldiciones usando su propia voz. Diga las oraciones de liberación.

¡Ore en frente de y con su familia y por su familia! Abra su boca y ore. Hable el nombre de Dios frente a su familia. No sea temeroso ya. Reconózcase en la siguiente lista:

Hombres que no oran por su familia;

Hombres que no hablan bendición en la mesa;

Hombres que no leen en voz alta la Biblia en casa;

Hombres que no hablan el Nombre de Jesús;

Hombres que no levantan sus manos;

Todos estos son de Acab.

¡Vamos hombres! ¡Es tiempo de tomar las riendas y avanzar! Busque liberación. Pida ser liberado de estas cosas. Empiece con los pecados de tus padres.

¡Entonces, escudriñe profundo en el Libro, la Palabra de Dios, y camine en ella! Camine en esa Palabra. Llene su vida con ella. Finalmente, alabe a Dios, su hogar llegará a ser un pequeño cielo en la tierra.

¡Amen!

Oración Modelo

Liberación del Espíritu de Acab
Padre en el Cielo, vengo a Ti en el Nombre de Jesucristo de Nazaret, mi Salvador y Señor. Padre, es mi deseo ver que Tu Reino venga a mi vida y mi familia.

Ahora mismo hago la decisión de perdonar a todos y cada uno de los que han tenido influencia en mi vida y me han causado no ser el hombre de Dios que Tú quieres que sea. Padre, perdono a las siguientes personas (Nombre a los que vengan a su mente):

Me arrepiento de ser como Acab y Te ruego por Tu perdón. Confieso mi pecado de haber renunciado a ser cabeza de mi matrimonio y familia y ahora tomo la autoridad y responsabilidad que me has dado. Señor, perdóname por permitir desorden en mi vida y desobediencia a Tu Palabra. Por el poder que obra en mí según Tu poder y unción, vigilaré y ministraré a mi esposa e hijos. Padre, pido sabiduría y dirección para llevar a cabo esto.

En el Nombre de Jesús, rompo toda maldición que ha venido a mí y a mi familia por mis pecados y los pecados de mis antepasados. Ordeno a cada espíritu demoníaco que ha llegado a mí por maldiciones que salga de mí. ¡Qué salgan de mí, ahora, en el Nombre de Jesucristo! ¡Suelten a mi esposa y a mi familia! ¡Les digo, demonios, que SALGAN!

Gracias, Padre, por librarme y sanarme, ahora y en los días por venir.

¡Alabado sea tu Santo Nombre! ¡Amen!

Derechos Reservados © 1992 by Stephen M. Bell Primera Imprenta 8 de enero de 2003 ISBN 1-891050-05-2 Citas tomadas de la Santa Biblia versión Reina Valera 1960 Publicado por KEY Ministries Publishing 3201 West Pipeline Road Euless, TX 76040 USA Tel 817 283 1700 Fax 817 283 4723

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