domingo, 21 de junio de 2009

La falta de perdón

¿Conoces a gente que va a la Iglesia cada domingo y dice que ama al Señor y no comparte Su amor con otros? ¿Podrías ser tú, una de estas personas? Es fácil aceptar intelectualmente la teología del amor de Cristo, pero otra cosa es dejar que ese amor fluya de nuestro corazón hacia el mundo necesitado que nos rodea. Una de las primeras razones por la que la gente falla en experimentar el Amor de Dios fluyendo a través de ellos es por una barrera de amargura y resentimiento. Cuando tú estas amargado, levantas una muralla alrededor de tu corazón para protegerte del dolor, pero quedas completamente aislado. Seguro pero solo. Tú mecanismo de protección eventualmente te hace un inútil solitario. Sabemos por las Escrituras que Jesús vino a liberar a los cautivos. Él lo hizo a través de un acto divino de amor y perdón. El poder de Cristo para perdonar hasta al más depravado, esta disponible para ti, si estás dispuesto a aceptarlo. Si eres cautivo de tú propio enojo y hostilidad, permítele al Señor cambiar esas actitudes por el amor que necesita para perdonar. Al hacerlo experimentarás el amor de su Padre Celestial y al mismo tiempo, vendrá a ser un vaso de amor para compartir con otros, aún con aquellos que te han herido. ¿Puedes pensar en alguna persona en tú vida, a quien con solo verle se le crispan los nervios? Talvez un enamorado del pasado que te desilusionó o talvez un jefe que injustamente te echó de su trabajo. Cuando otras personas nos hieren, es fácil dejar que la amargura entré en nuestros corazones. Los sentimientos de rechazo y heridas se quedan bien adentro de nosotros y frecuentemente se quedan por años. La Biblia nos dice que perdonemos a los que nos ofenden, pero muchas veces ignoramos su sabiduría y buscamos otras fuentes para consejo. Cuando nos debilitamos por el dolor, nuestras mentes son terreno fértil para Satanás. Él se aprovecha de la situación y llena nuestras cabezas con angustia que nos lleva al cautiverio. Esto es lo que pasa: Alguien nos hiere, y desarrollamos un espíritu rencoroso contra esa persona. Satanás excusa nuestro enojo diciendo: “Te han herido, está bien sentirse enojado. Después de todo esa persona que te hirió no se ha disculpado. Estas un poco desilusionado ahora.” Nunca nos dice Satanás que tenemos un espíritu rencoroso contra esa persona. Nunca nos dice que debemos perdonar. Él sabe muy bien que mientras estemos guardando el enojo, seguiremos enterrados en la miseria de la autocompasión. Si tú tienes a alguien cautivo por tu falta de perdón, proponte liberarlo de las cadenas que le atan a ti. Te darás cuenta, al final, que has sido tu quien has estado prisionero todo este tiempo. Autor desconocido. Mateo 18:21-35 Parábola del siervo despiadado 21 Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: —Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano que peca contra mí? ¿Hasta siete veces? 22 —No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta y siete veces[f] —le contestó Jesús—. 23 »Por eso el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar cuentas con sus *siervos.24 Al comenzar a hacerlo, se le presentó uno que le debía miles y miles de monedas de oro.[g]25 Como él no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su esposa y a sus hijos, y todo lo que tenía, para así saldar la deuda.26 El siervo se postró delante de él. "Tenga paciencia conmigo —le rogó—, y se lo pagaré todo." 27 El señor se compadeció de su siervo, le perdonó la deuda y lo dejó en libertad. 28 »Al salir, aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros que le debía cien monedas de plata.[h] Lo agarró por el cuello y comenzó a estrangularlo. "¡Págame lo que me debes!" , le exigió.29 Su compañero se postró delante de él. "Ten paciencia conmigo —le rogó—, y te lo pagaré." 30 Pero él se negó. Más bien fue y lo hizo meter en la cárcel hasta que pagara la deuda.31 Cuando los demás siervos vieron lo ocurrido, se entristecieron mucho y fueron a contarle a su señor todo lo que había sucedido.32 Entonces el señor mandó llamar al siervo. "¡Siervo malvado! —le increpó—. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste.33 ¿No debías tú también haberte compadecido de tu compañero, así como yo me compadecí de ti?" 34 Y enojado, su señor lo entregó a los carceleros para que lo torturaran hasta que pagara todo lo que debía. 35 »Así también mi Padre celestial los tratará a ustedes, a menos que cada uno perdone de corazón a su hermano. Efesios 4:31-32 (Nueva Versión Internacional) 31 Abandonen toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias, y toda forma de malicia.32 Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.

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